50 Preguntas que como docente deberías hacerte. ¡La número #46 es mi preferida!

50 Preguntas que como docente deberías hacerte. ¡La número #46 es mi preferida!.

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No sea docente si…

Ya saben que llevo unos 14 años ejerciendo la docencia. A veces de maneras decentes (sobre todo al inicio de mi carrera profesional) y, más tarde, cuando abrí los ojos  y logré obtener mi propia mirada global de nuestra situación como país/profesionales/cultura/personas, me convertí en esta docente indecente que cada día se va metiendo en más líos pero que cada noche duerme más tranquila sabiendo que hizo lo que creyó correcto, lo que mejor iba a impactar en sus estudiantes o, lo que su convicción la empujó a hacer.

Llevo unos días viendo situaciones que me sacan de mis casillas y, no es que yo sea el modelo a seguir para ejercer la docencia, no es este un testimonio de pedantería ni un manual único para ser el mejor profesor del mundo. Sé y estoy clarita que tengo muchas cosas que aun debo pulir, otras que, definitivamente debo cambiar y, millones de estrategias que debo aprender.

Hace rato quiero escribir esta entrada y he pensado mucho en las respuestas que podría tener si muchos docentes decentes lo leyeran. Entienda, por favor, que esta no es una crítica inquisitiva donde pretendo que los profesionales que se han partido el lomo por años con los estudiantes sientan que esta pendejita de 34 viene con el libro de la sabiduría bajo el brazo, ciertamente no es así… pero quizás sí es una guía con tips para que, los futuros docentes de nuestro país, tengan en consideración antes de elegir estudiar pedagogía.

Bueno, no más vueltas…

No sea docente si…

  • Cree que, con el tiempo, puede llegar a “acostumbrarse”: No, no sea ilus@. La carrera de pedagogía lo que más necesita son personas que tengan vocación (sí, ese “no se qué” que le inclina a enseñarle a sus compañeros de colegio, a su familia, a quien sea). Sin vocación, esta tarea podría ser fácilmente un infierno en el que no solo usted va a estar ardiendo en las llamas eternas, sino también, sus estudiantes.

  • Cree que va a hacerse millonario: Puede que, si continúa sus estudios, entra en un establecimiento o institución educativa que pague “más que la media” y, si sabe negociar, gane un sueldo “decente” dependiendo de su especialización/mención y diplomados, posgrados y blá blá blá. Pero, la realidad es otra. Somos personas culturalmente muy apreciadas y económicamente muy maltratadas.

  • Piensa que estudiar pedagogía es la rampa para estudiar otra cosa más adelante: Por favor, si su idea era ser abogad@, ingenier@, cinetífic@, kinesiólog@ o cualquier otra profesión que no está ligada directamente a trabajar educando niños, adolescentes ni enseñando a jóvenes o adultos, no venga a revolver los pollos a un establecimiento educativo. Hágalo por el bien de todos: el suyo (se lo aseguro), el de sus estudiantes e incluso el de sus compañeros de trabajo.

  • Solo entra porque “es lo que le alcanza con el puntaje que obtuvo”: Remítase al punto 1 y, además le cuento que los docentes deberían ser las personas con más puntaje y que rindieran una prueba de talentos pedagógicos, que fuesen evaluados por algún especialista antes de ingresar y, al terminar la carrera. Porque sucede, queridos lectores, que el docente es el responsable del 70% (o más) de los conocimientos, valores, educación, actitudes y comportamiento general de los que serán “El futuro de nuestro país”. Y, por mucho que digan que la familia debería hacerse cargo – cosa con la que estoy absolutamente de acuerdo- la realidad es otra y hay que ser realistas -no idealistas- porque es el futuro de las nuevas generaciones lo que está en nuestras manos.

  • Piensa que la pega administrativa es un mero trámite: Lamentablemente le cuento que las planificaciones, creación de instrumentos evaluativos válidos y coherentes, preparación de resúmenes de notas, observaciones al final de cada semestre a cada uno de sus estudiantes, reuniones de consejo de profesores, de padres y apoderados, preparación de actividades asociadas al establecimiento (aniversarios, feriados nacionales, religiosos en algunos casos, etc) le va a quitar tiempo de su trabajo, de sus clases y, probablemente, de su vida personal.

  • Cree que la docencia implica solamente la transferencia de conocimientos de su cerebro al de sus estudiantes: Un día va a llegar a clases y va a darse cuenta que uno de sus estudiantes se quedó dormido, o que está llorando, o anda de mal genio, o que le contestó de mala manera, o incluso que simplemente no le está poniendo atención. Para todas estas situaciones hay millones de explicaciones en las que debemos indagar porque probablemente no sea algo tan simple como “no me interesa su clase”, “le tengo mala” o “soy adolescente y, por eso soy rebelde”. Entiendo y créame que sé el desgaste emocional que puede llegar a ser pero, en muchas ocasiones, somos nosotros los únicos a quienes ellos pueden recurrir y, si construimos esa barrera de docente-alumno es muy probable que la segunda opción de estos pollos sea pedirle consejo a alguno de sus amigos que, estando en la misma etapa emocional, poca  ayuda pueden ofrecer comparada con el juicio de un adulto responsable que ya ha vivido muchas de las experiencias que ellos recién comienzan a experimentar. Vuelvo a insistir en el rol de la familia, pero, en la medida que ellos no se hagan cargo y, muy a pesar que nosotros trabajemos constantemente la inclusión de los padres en su rol, lo cierto es que no podemos dejar botadas a esas avecillas. Alguien tiene que hacerse cargo y muchas veces tendrá que ser usted.

Podría, probablemente seguir escribiendo muchos otros puntos que están en mi cabeza pero, lo que pretendo con esta entrada es que usted la lea y reflexione, no que la deje a la mitad y se dedique a escribirme una sarta de réplicas asociadas a que los docentes nos merecemos sueldos decentes, que deberíamos tener 50/50 para trabajar de manera decente, que no podemos hacernos cargo de todo el mundo sobre todo cuando tenemos cursos de 45 y hasta de 48 estudiantes en riesgo social y todo eso que yo ya sé, que ya viví y que entiendo y apoyo. Lo cierto es que, somos docentes, estamos en lo que estamos porque queremos, nos derretimos cuando un estudiante logra algo, no somos rencorosos y cada día empezamos una jornada como si ayer no hubiera pasado nada, nos desvelamos muchas veces pensando en nuestros enanos, maldecimos al gobierno de turno pero igual nos dan las 2 am preparando material.

Créame que yo también quiero que el sistema cambie, también marcho y me gustaría ganar más y trabajar solo en mi jornada de trabajo… pero la realidad es otra y, mientras no obtengamos lo que estamos pidiendo, no puedo volcar toda esa rabia en mis estudiantes, ellos son los que menos culpa tienen en este tema y son los que, al final y la mayoría de las veces, salen más perjudicados.

A modo de BONUS TRACK, les dejo un link que me interesó sobre los “tipos de docentes”

How to turn small talk into smart conversation

ideas.ted.com

Tips from a comedian and a journalist on the art of going from small talk to big ideas — all summer long.

Imagine almost any situation where two or more people are gathered—a wedding reception, a job interview, two off-duty cops hanging out in a Jacuzzi.

What do these situations have in common? Almost all of them involve people trying to talk with each other. But in these very moments where a conversation would enhance an encounter, we often fall short. We can’t think of a thing to say.

Or worse, we do a passable job at talking. We stagger through our romantic, professional and social worlds with the goal merely of not crashing, never considering that we might soar. We go home sweaty and puffy, and eat birthday cake in the shower.

We stagger through our romantic, professional and social worlds with the goal merely of not crashing, never considering…

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