Tantas cosas que decir traicionan mis escritos

Hace ya un par de días que he tenido que conformarme con, simplemente, copiar algún enlace que me parezca interesante y dejarlo acá porque, aunque suene mentira, el tiempo no me alcanza.

El otro día tuve que superar la tremenda hazaña de conversar en menos de dos horas con 5 estudiantes de diversos cursos, todos con problemas que los hacían llorar y eso me dio ganas de pensar en esos 5 pares de padres de mierda que probablemente tienen… o quizás, estoy siendo muy tajante y ese día andaba hipersensible y defensora de los adolescentes (etapa de mierda, por cierto). El asunto es que, llegué a casa y me di 3 vueltas en el aire y ya eran las 21.00. Me propuse hacer  un poco de material y – como siempre- me dormí con la laptop en las piernas.

Al día siguiente de ese, o quizás un par de días después (o fue antes?) tuve el lujo de ir a visitar a un amigo desconocido que me recibió en su casa y con el que ñoñeamos de números, estrategias, ejercicios, la vida, la música, la literatura, las galletas y los mininos… pero como soy una cabeza de pájaro, en el camino de vuelta me pasé de mi parada, terminé a la cresta del mundo y llegué a acostarme, o sea, cero posibilidad de escribir.

Hace unos días atrás (creo que fue ayer o el día anterior) llegué con todo el ánimo de escribir sobre lo fantásticas que son las frescas mentes de los estudiantes, la facilidad con la que uno puede cambiarles el chip y hacer que pasen del amor al odio o, en mi caso, vice versa con mi mal mirada asignatura: Matemática.

Quería contarles del Propedéutico y lo maravillosas que son esas diez tremendas mentes con la que comparto cada sábado (se supone que 1 hora y 30 minutos) pero jamás ha sido así, es más… siempre nos “pasamos de la hora”. Ellas están metidas en un proyecto que no son capaces aun de dimensionar y están deseosas de aprender todo lo que quieras enseñarles, es como el trabajo idóneo, casi parece mentira.

Además estoy por primera vez en mi vida, sintiéndome sola… no quiero casarme ni mucho menos pero poooota que ayudaría tener un partner… ese que “te acompaña”, en fin…

Hoy, camino de vuelta a casa, me tocó ayudar a un hombre que apenas si movía sus piernas, no usba muletas, usaba un “burrito” creo que se llaman…pensé mucho en mi abuelo, pensé mucho en la vejez, en la incapacidad, en el no ser autovalente, me dolió… me llegó profundo y me trajo con la cara triste en el camino de vuelta.

Quería contarles el accidente que tuvo mi nuevo jefe y como, indirectamente, me sentí como las pelotas por haber renegado tanto el otro día cuando me sugirió lo del piercing…

Quería contarles que hay alguien que me gusta, quería hablar de este personaje pero ayer me dediqué a hacer unas clases particulares y luego a terminar una prueba…

En fin. Creo que , de una u otra forma, igual les conté un poco de todo lo que quería decir..

Por cierto, dejé de fumar.