¿En qué momento los padres y profesores nos hicimos enemigos?

Estoy segura que han visto esa imagen que caricaturiza la educación de hace 30 años atrás con la actual, si no la han visto, se las dejo aquí. Y claro, al principio da risa pero, si lo pensamos en serio no tiene nada de divertido ver cómo cada día algunos padres y profesores remamos para lados totalmente distintos.

Si bien es cierto, todos estamos intentando brindar una mejor educación a nuestros niños creo que la forma en que estamos planteándonos este objetivo es la que nos tiene en esta disputa.

Hace unos meses atrás, en una entrevista de apoderados, me tocó conversar con la mamá de un chico que le pegó al compañero en la sala de clases. No porque estuvieran peleando, o porque el chico estuviese enojado, simplemente le pegó porque le pareció divertido. Cuando le comento esto a la mamá, ella – con una cara de “me estás haciendo perder el tiempo” – me dice: “Ayyy pero tía, si los niños JUEGAN así”. No, mamá, los niños NO JUEGAN así. Y tal como le dije a ella en esa oportunidad: “Puedo entender esa respuesta de los chicos, porque son niños, están aprendiendo y aun pueden cometer el error de confundir un juego con darse golpes solo porque sí, pero no puedo entender esa respuesta de una mamá, el adulto responsable que está guiando a esos niños cuando ellos no están en el colegio”.

Podría comentar cantidad de historias que me ha tocado escuchar en entrevistas de apoderados, durante conversaciones de pasillos, a la salida del colegio, en el paradero, en la plaza, o en donde sea porque los papás te paran en cualquier parte asumiendo que como eres profesor, debes “atenderlo” en cualquier parte (cosa por la que también me he ganado la antipatía de varios papás a los que no he atendido en mi hora de colación o, incluso a las 7 de la tarde cuando voy en dirección a tomar la micro a mi casa). Lo que más me impacta es que el rol del profesor perdió el norte de una forma increíble.

Si bien es cierto, nuestro rol siempre ha sido: dirigir, enseñar, educar, guiar, acompañar; creo – humildemente- que en el pasado esta tarea se vivía de manera diferente, porque muchas de estas cosas venían aprendidas desde la casa y ojo que no estoy diciendo que ninguna familia está haciendo lo que debe con sus hijos, pero seamos honestos, hace 10, 20 30 y 40 años atrás ningún niño de 10-13-15-18 años le iba a levantar la voz, decirle una grosería o golpearle la puerta a un profesor “solo porque sí” y sé que eso también pasaba hace 30 o 40 años atrás, pero tenía que ser un caso muy puntual.

Papás amenazando a profesores con demandarlos, exigiéndole a los colegios que “pasen de curso” a sus hijos sino van a ir al Ministerio y van a dejar la escoba, niños grabando las clases para acusar a sus profesores, apoderados reclamando por las notas de sus pupilos, profesores evadiendo entrevistas de apoderados, y todos en la más absoluta hipocresía de la sonrisa cortés en la entrada del colegio para luego hablar pestes los unos de los otros, creando páginas de facebook en contra de los profesores, enseñándole a sus hijos que la manera adecuada de resolver los conflictos es crear ambientes de tensión, cinismo, y habladurías.

Cada vez hay menos papás asistiendo a reuniones, menos actividades escolares donde se vea una participación real, menos sentido de pertenencia al colegio, menos profesores queriendo compartir con los estudiantes… esperando que sea la hora de irse pa poner el dedo o marcar la salida y mandarse cambiar a sus casas.

Estamos criando niños con cero tolerancia a la frustración, acostumbrados a recibirlo todo en bandeja con tal de no oírlos quejarse o armar escándalo, convencidos que un 3,9 no es tan malo, total igual va a ser un 4,0 a final de año, niños que creen que hacer una tarea una vez cada tres semanas es tortura y que los profesores no tienen derecho a llamarles la atención cuando se están portando como niños malcriados porque ellos “no son sus padres”, niños que creen que copiar, hacer la cimarra, o aparecer en el trabajo grupal sin haber hecho nada es bueno porque “eso hacen los bacanes”. Estamos perdiendo el sentido de honorabilidad, la honestidad, la decencia, la transparencia, la comunicación sensata, asertiva, la humanidad.

Cada día me asombra más saber que alumnos llegan a institutos y universidades sabiendo cada vez menos, no estamos valorando los conocimientos, el estudio, el esfuerzo y el trabajo y eso me apena profundamente.

Cada vez veo la relación escuela-familia más lejana y los únicos afectados son los niños, lamentablemente para todos, en la medida que los adultos no abramos los ojos y veamos el error que estamos cometiendo, esta cosa va a seguir así por un largo tiempo más.

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