Sueño de una noche de no verano

Ayer la vida me dio la oportunidad de ayudar a un hombre que apenas si movía sus piernas, no usaba muletas, usaba un “burrito” creo que se llaman…pensé mucho en mi abuelo, pensé mucho en la vejez, en la incapacidad, en el no ser autovalente, me dolió… me llegó profundo y me trajo con la cara triste en el camino de vuelta… Por la noche soñé algo rarísimo, mi abuelo y la Mary me contaban que mi tía Auristela le había dejado un seguro de vida a mi abuelo y solo a él, ni a mi tía ni a nadie más…. me parecía raro y en mi cabeza urdía mil preguntas…(yo, por error, oía a lo lejos que la suma era de más de 500 millones de pesos), y me pedían que acompañara a la Mary a buscar “algo de esa plata”. Íbamos con la Mary a un lugar muy feo a hablar con el “abogado” a cargo de ese dinero, era una casa fea por fuera, en una población que daba miedo, entre matorrales y cosas así…pero cuando entrabas era un estudio de abogados maravilloso… de hecho el sistema de entrada era que el señor salía mal vestido y desaliñado y te pasaba una llave -por entre las rendijas de una ventana- para abrir un candado pero, cuando entrabas el señor ya estaba con su traje adecuado y en un lugar que se veía recién encerado, todo relucía, habían oficinas y se notaba que eran importantes. Recuerdo que después de recibirnos y hablar con su asesor y legalizar ciertas coas, pedirle firmas a la Mary y bla bla bla… yo le hacía tan solo dos preguntas: “por qué a mi Keka no le corresponde dinero” y, “hace cuánto que mi abuelo no recibe jubilación?”. El abogado solo me contaba que ese dinero era de un seguro y que mi Keka no podía recibir dinero de ahí porque ella tenía una pensión, la otra respuesta la evadía magistralmente. Me enteraba después por la Mary que mi abuelo hace años que ya no recibía jubilación y que, por eso, a diferencia de mi Keka él era el legítimo heredero de ese seguro de vida de mi tía (a la que no alcancé a conocer). La Mary me contaba que, mientras mi abuelo aun recibía “algo de dinero” ellos habían comprado comida de “reserva” para cuando la jubilación quedase en cero…
El abogado venía con una caja de madera, la abría, la Mary le daba una ligera mirada a los billetes y se aseguraba que todo estuviera en orden y luego me la mostraban. Habían fotos de mi bisabuela, de mi abuelo, de mi mamá… videos que se proyectaban de momentos maravillosos en mi familia y yo lloraba, lloraba mucho. De vuelta a casa y, cargando unas bolsas de pan duro donde estaba escondido el dinero, conversábamos con la Mary sobre el destino de esa fortuna, ella se veía contenta y yo a mi manera también, pero no sabía por qué… eran tantos los billetes que me daba miedo que se cayeran en el camino; la Mary los cambiaba de su bolsa a la mía para “despistar” a cualquiera que nos pudiera haber visto con tal suma de dinero… Pasábamos a comer a un lugar extraño pero se demoraban mucho en atendernos o no había lo que la Mary había pedido y continuábamos el camino a casa de mi abuelito. Al fin llegábamos y él estaba esperándonos en el primer piso no recuerdo si sentado o si de pie y yo lloraba y lo abrazaba, el usaba boina y yo le decía que no le contara a nadie de la plata, que la ocupara para hacerse trasplante de páncreas, que se arreglara las piernas, que iba a poder volver a caminar, que no le diera plata a nadie, que se dedicara a quedar “como nuevo” “joven otra vez” él estaba contento y lloraba, yo lo abrazaba, estaba flaquito y lo subía en brazos hasta su casa. Por un momento perdíamos el equilibrio y casi se me caía, pero no pasaba nada malo. Estaba mi mamá y una persona desconocida en la casa de mi abuelo, no me importaba…solo me importaba que él iba a dejar de sufrir… Me decía que quería comprarme cosas, regalarme cosas y yo le decía: “no, para qué? yo trabajo y me gano mi plata” y él me decía: “pero con tu plata apenas pagas deudas y quedas en cero pesos” y yo le contestaba que no importaba que todo se arreglaría. Me sacaba unos billetes enrollados de los bolsillos porque eran tantos que se iban desbordando y cayendo, entonces yo los recogía y me los guardaba… le avisaba a mi abuelo y a la Mary que los billetes que se habían caído los iba a dejar junto con el resto de dinero. La caja se la quedaba el abogado misterioso y era lo que yo más quería para mi… el dinero se esfumó de mi sueño y luego me veía alimentando conejitos, hámsters y animalitos como esos en el patio de la casa de mi hermana… nada importaba, mi abuelo iba a ser joven de nuevo.