¿Cuánto vale tu trabajo, docente indecente?

Cuando este año comencé a trabajar en un colegio en Concón creí que llegaba a la panacea educativa porque llegué por recomendación del director de un colegio en el que ya había trabajado. Todo parecía ser perfecto, el director que era nuevo como yo, había sido parte del equipo de gestión del establecimiento anterior y eso me hacía sentir menos nervios porque, créanme que, a pesar de llevar años trabajando, aún me pongo nerviosa cuando llego a un nuevo colegio.

La vida hizo que, a pesar que todo pintaba para maravilloso, no fuera así. Entre algunos errores míos y otros de mis superiores, terminé tomando la decisión de renunciar a mi cargo en el mes de septiembre. ¿Por qué me demoré tanto? por la razón que muchos docentes intentamos permanecer: para no perjudicar a los estudiantes. Entonces, ¿por qué decidí renunciar de todas formas? porque la situación era insostenible y creo que ningún profesional criterioso va a exponer a sus estudiantes a los cambios de ánimo que se evidencian cuando no estás cómodo en el espacio educativo donde te desempeñas.

Así fue como, seis meses después de haber ingresado al colegio, decidí renunciar. Afortunadamente, encontré trabajo en octubre en otro colegio así que no fue muy desbaratador para mi economía el haber tomado esta decisión.

Este colegio -mi actual lugar de trabajo- queda lejos de casa pero no me importa. Me gusta el ambiente que hay en la sala de profesores, me gustan los estudiantes, me gusta la estructura y lo que pretenden lograr y, si no fuera por uno que otro colega irresponsable que nos desestabiliza con sus ausencias, llegadas tarde, diría sin miedo a equivocarme que, es un lugar muy agradable para permanecer al menos un par de años. Se puede aprender mucho y creo que podría incluso combinar un estudio de postgrado con las horas de clases.

Pero… (porque siempre hemos sabido que hay un “pero” en todo, ¿no?) hay un problema. Muy a pesar que este colegio paga una pizca más que un establecimiento promedio, hay beneficios que no se ven reflejados en la liquidación de sueldo: No hay pago por contratación de horas SEP, y con esto me refiero a que no importa cuál sea tu labor (profesor titular, apoyo docente, reforzamientos, remplazos) ninguno de ellos recibe el valor hora SEP…. raro, ¿no?. Si un colega falta y te toca sustituirlo, el pago por hora es una porquería pero, si llegas 4 minutos tarde (me pasó una única vez) el descuento casi equivale al valor de los 45 minutos hechos como remplazo.

Un día escuché a un profesor (del que siento vergüenza ajena por diversos acontecimientos que me tocó presenciar) dijo:

“Bah, si me descuentan aproximadamente $2.200 por hora pedagógica semanal que no realizo, prefiero llegar a las 10:00 hrs. al colegio en vez de llegar a las 8:30 hrs. total, en un mes es ¿cuánto? ¿17, 18 mil pesos?”.

Fue ahí cuando me senté a pensar un poco acerca de mi sueldo. Esta reflexión, súper al margen de las grandes luchas por mejoras salariales que tenemos cada año en el país y en todo el mundo.

Yo siempre he dicho que me encanta mi trabajo, yo amo hacer clases pero también me gusta que me paguen bien por hacerlo. Nada tiene que ver tu vocación con la aceptación de un sueldo que apenas se compara al de una carrera técnica (sin desmerecer, pero nosotros somos profesionales).

No estoy diciendo que por el hecho de que nuestros sueldos no sean suficiente vamos a desempeñarnos de manera mediocre, sin embargo, si tienes trabajadores que pasan gran parte del día con tus hijos, el futuro del país, los encargados de trazar las directrices de nuestra sociedad… creo que lo sensato es poder asegurarles un pasar tranquilo. Insisto en que no se trata de trabajar más o mejor porque me pagan más sino que es evidente que, si no tienes que sumar al estrés de tus labores el preocuparte por cómo estiras tu sueldo para cubrir tus necesidades, entonces trabajas sin presiones externas y eso ayuda mucho a la hora de enfrentarse a una sala de clases con hasta 45 personas que confían en tí, tu criterio, tus decisiones y tu opinión.

Mucho se dice que, hoy por hoy, los profesores nos encargamos de todo lo que respecta al cuidado de un niño-adolescente y, a veces es así. Creo que esa labor no debería ser nuestra no porque no nos corresponda o porque “no nos paguen por eso”, sino porque los chicos necesitan establecer lazos firmes con sus padres que los hagas seres felices, seguros, asertivos, etc, y esa labor de amor creo, humildemente, que es una labor de familia, de hogar.

En fin, las lucas son importantes para todos pero creo que, como profesores, tenemos la desventaja de que aunque nos quejemos y refunfuñemos, no seríamos capaces de paralizar de manera indefinida la educación de nuestros niños, esa educación que hoy todos reclaman como derecho pero que tan pocos aprovechan. Ese es nuestro talón de Aquiles y esa es la razón por la que, a pesar de las marchas, las quejas, los discursos y el descontento, los profesores seguiremos contando las chauchas para llegar a fin de mes, incluyendo muchas veces, el gasto económico que hacemos con gusto para entregarles a nuestros estudiantes material didáctico que los ayude a comprender mejor los contenidos.

Anuncios

Opiniones??

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s